miércoles, octubre 12, 2011

PISÁNDOLE LA MANGUERA AL MAESTRO GOSSAÍN


Uno de los periodistas colombianos más legendarios es y será Juan Gossaín. Lo que no impide, en algún recodo de su grandeza, hacerle unas precisiones históricas que a bien ha de tener y en no mal han de recibir sus miles lectores.
Y esto tiene que ver con la publicación hoy 12 de octubre en el diario EL TIEMPO (Colombia) de su nota titulada: "Así fue la mañana tibia en que Cristobal Colón descubrió a América" en la que comete una serie de inexactitudes. Por lo demás, las acotaciones de EL COMENTARISTA se hacen en términos de colegaje, sin mayores pretensiones, por  cuanto en este oficio es mejor afirmar -sin duda- que aquel  "¡quien esté libre de errores que muestre su primera crónica!".
Las precisiones y la respectiva acotación se hacen en color rojo.
Con mil respetos, Maestro.
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Así fue la mañana tibia en que Cristobal Colón descubrió a América

Así fue la mañana en que Colón descubrió América
Foto:

Juan Gossaín cuenta la historia de los primeros hombres que pisaron "oficialmente" América.

Eran 120 hombres, piojosos y hambrientos, "que más parecían almas en pena": los primeros europeos en llegar a suelo americano, hace 519 años.
No podían llegar piojosos por cuanto lo que primero que moría, según los entendidos de la época, eran los piojos; tales decesos capilares eran seña de que ya se había cambiado de latitud.
Las tres carabelas eran dos y Martín Alonso Pinzón no fue el primero que divisó tierra. Las carabelas propiamente dichas eran La Pinta y La Niña, las dos primeras naves de aquella expedición en que viajaban 120 tripulantes piojosos y hambrientos, que más parecían almas en pena. La última no era un clásico velero de tres mástiles, mucho más grande y menos rápido que una carabela.
Eran tres. La tercera naufragó en esa expedición una vez se estuvo allá. La "Santa María" era una nave de tres mástiles ("nao") más grande comprada en el norte de España antes de la expedición y llamada antes "la Gallega", para la historia la "Santa María" pero todo indica que se popularizó en esa época más como "La Capitana". Por otro lado,  Martín Alonso Pinzón, en efecto, no fue el primero que vio tierra. Según lo documentado fue Rodrigo de Triana.
Como si no fuera suficiente, tampoco es verdad que esa tercera embarcación tuviera por nombre Santamaría. El 3 de agosto de 1492, día en que zarparon de España rumbo a la gloria, para cumplir una epopeya digna de la mitología griega, el buque se llamaba María Galante; así aparece registrado en los archivos de la época, que se conservan en Sevilla. Fue el propio Colón, cuando empezaron las terribles penurias del viaje, el que lo rebautizó en busca de la protección divina de la Virgen Santísima.
La Santa María tuvo varios nombres pero es inexacto de que Colón la rebautizó así "en busca de la protección divina". Ella recibió ese nombre en honor a la ciudad española de El Puerto de Santa María (Cádiz) cuyos habitantes tuvieron que sufragar la compra de esta nave por pedido de los propios reyes. Verdad documentada en el Archivo de Indias de Sevilla.
A mar abierto

Han pasado más de dos meses desde que partieron de Palos de Moguer, un pueblo de navegantes, minas rústicas de carbón y pescadores artesanales, perdido en la desembocadura del río Tinto. Para ser exactos, llevan 62 días de sufrimientos a mar abierto. No han visto más que agua y cielo. Ni un pájaro siquiera. Algunos han enfermado de tuberculosis.

El pueblo de Palos de Moguer jamás ha existido. Es un error histórico redactado en aquella época, copiado en centenares de enciclopedias y libros de historia hasta el siglo XX incluido. Son en realidad, dos poblaciones muy distintas de Huelva, España: Palos de La Frontera y Moguer que algún acucioso unió. Hoy en día se conservan tal cual y distan pocos minutos una de otra. Eran pueblos muy pobres llenos de pescadores.
Los tormentos son interminables. El hambre es tan agobiante que un sargento de grumetes, Sebastián de Ecija, escribe en su propio cuaderno de bitácora que tuvo que comerse las tiras deshilachadas de su pantalón de lona, aliñadas con agua de sal, para engañar el estómago. En medio de las desgracias se permite una pizca de humor. "El pantalón sabe a carne de cordero", anota en sus memorias. Son españoles: tienen un sentido trágico pero también cómico de la vida.

Aquello aún no se llamaba Reino de España como hoy. Luego no eran en rigor españoles. ¿Castellanos?
La semana pasada no aguantaron más. Se amotinaron. Enloquecidos por la desesperación, acusan a Colón de haberlos embarcado en una aventura sin destino. Estuvieron a punto de lincharlo.
El almirante, que hoy se levantó temprano, como todos los días, camina pensativo por la cubierta de La Pinta, que encabeza la caravana porque es la nave del almirante. No sabe si podrá resistir la próxima sublevación. Acaba de cumplir 41 años y es un hombre de pocas palabras, que parece encerrado en sí mismo. Nadie puede decir que lo ha visto sonreír. En las últimas semanas ha envejecido y ahora tiene cara de apesadumbrada anciana.

Hoy es viernes. Viernes 12 de octubre de 1492. Amanece. No hay viento. La mar océana, como a él le gusta llamarla, está en calma.
El mundo parece que se hubiera quedado quieto. El primer sol del día se alza muy pálido, en la parte más lejana del horizonte, porque estamos en la temporada lluviosa de este paraje que algún día se llamará Caribe.
Poco después de las 6 de la mañana, el almirante ve pasar a la derecha de su navío un puñado de algas podridas que flotan sobre la cresta del oleaje. No eran muchas, pero un navegante encallecido sabe lo que significan. Da un salto de emoción.
Regresa a su camarote y escribe en el diario: "Plantas y raíces a estribor. Si hay vegetación, tiene que haber tierra. Estamos muy cerca".

Esas algas podridas no las vio él primero, fueron sus marineros que le informaron.  Martín Alonso Pinzón determinó que estaban cerca, por algo, era más experto en el arte de navegar que Colón. Martín Alonso Pinzón había navegado en múltiples ocasiones por el Mediterráneo y el Norte de África.

Rodrigo de Triana ha estado de turno toda la noche en la meseta del vigía, que queda en la parte más alta del palo mayor. Ahora, mientras termina de clarear la mañana, descabeza un sueño atrasado durmiendo a pedazos.

De súbito, aquel centinela flaco y de baja estatura, que tiene un ojo torcido y que ha sido marino de ocasión, estibador sin trabajo y asaltante nocturno en las calles de Huelva, cree ver dos siluetas pequeñas que bailan entre la bruma. Teme que el hambre lo esté haciendo alucinar.

Por si las moscas, Triana afila su ojo bueno. Revisa con cuidado. Allí están, retozando, a veinte metros de su cara, dos gaviotas de cabeza negra, pájaros madrugadores. Vuelan hacia el occidente, aguas afuera. El vigía hace una conjetura de marino, equivalente a la que escribió Colón: "Si hay pájaros, hay tierra".

En sus escabrosas noches de taberna, de regreso a España, Triana relataría a los parroquianos lo que sintió en ese momento.
Dice que lo primero que hizo fue levantarse del puesto de vigilancia y seguir con la mirada el recorrido de las gaviotas. Vio una palma de coco en una playa que parecía ennegrecida por los aguaceros recientes. Empezó a temblar. Y entonces, con ambas manos alrededor de los labios, para hacer una bocina, pegó aquel grito que habría de cambiar para siempre la historia humana:

-¡Tierraaaaaaaaa! ¡Tierra a la vista!

(No fueron dos los ojos que primero la vieron, sino uno solo, el ojo bueno de Rodrigo de Triana, el que avistó a América.)

Rodrigo de Triana no avistó a América. Ellos suponían que habían llegado a las Indias Orientales. Muchos decenios después fue un historiador quien bautizó así a esas tierras.
Tan fuerte y agudo chillido del vigilante despertó a todo el mundo. No pudo darlo por segunda vez, como era su propósito, pues se quedó afónico. La garganta le ardía. La roñosa carabela se llenó de correndillas y alegría.

Los mismos tripulantes que hace una semana intentaron ajusticiar a Colón tirándolo al mar, ahora quieren alzarlo en hombros, como un triunfador. El italiano, tan discreto toda su vida, se niega con palabras de buena crianza a recibir semejante homenaje.
Colón fue asaltante de naves o pirata en el Mediterráneo. Cuando no tenía oficio conocido. 

-Primero lo primero -dice a sus hombres, y se aparta de ellos.

Va a la parte delantera de la proa; levanta con la mano derecha el estandarte de los reyes católicos, que le financiaron la odisea; se hinca de rodillas sobre las tablas ruinosas de la cubierta y se echa la señal de la cruz. Luego, ve una guacamaya de doscientos cincuenta colores que lo mira desde la arboleda.
Los reyes financiaron parte del viaje, pidieron barcos a diferentes poblaciones y uno que otro de los que viajó puso plata. Por ejemplo, Martín Alonso Pinzón, 500 mil maravedíes.

El primer baño de mar 

Colón impuso su autoridad en medio de la algarabía. Ordenó que primero bajaran a tierra los tres capitanes de las embarcaciones, el escribano Escobedo, que sería el encargado de levantar el acta oficial, y él mismo. Así se hizo. Luego saltaron los tripulantes.

Aquella chusma feroz, compuesta en su inmensa mayoría por truhanes de cantina, presidiarios, náufragos de la vida, gente sin futuro, se lanzó frenética al agua fresca. Reían y lloraban, se hacían bromas. Hoy, cualquiera los habría tomado por un enjambre de escolares inocentes que se divertían en vacaciones. Habían llegado a lo que se conoce como el archipiélago de las Bahamas.

Falso.  La mayoría de esas personas, todas identificadas con nombre, origen y apellidos eran en su mayoría marineros de cabotaje y pescadores habitantes de poblaciones de Palos de La Frontera, Moguer, Cádiz, El Puerto de Santa María e incluso de otras ciudades españoles como Denia (Valencia). Fue Martín Alonso Pinzón, el gran olvidado, el que seleccionó la mayoría por amistad, por recomendación pero, sobre todo, porque supieran del mar. Cada uno de ellos recibió un pago exacto en dinero por parte de Colón, lo cual quedó reflejado en documentos que se conservan en El Archivo de Indias.
Al contrario de lo que suele pensarse, Cristóbal Colón no fue un aventurero afortunado, sino un admirable navegante que había trabajado para los grandes mercaderes de Génova, su ciudad natal. Padeció varios naufragios y escapó de la persecución de los piratas, cuando resolvió que quería ponerse a estudiar. En la universidad de Coimbra, en Portugal, aprendió en profundidad cartografía, altas matemáticas y astronomía.
Esta es la versión rosa.

Siendo ya un hombre ilustrado, se unió a la tesis del sabio Toscanelli, quien sostenía que la Tierra era redonda. En consecuencia, decía Colón, si uno navega siempre hacia el occidente, sin necesidad de darle la vuelta al mundo por el sur de África, llegará más rápido a la India, donde hace quinientos años se amontonaban el comercio y la riqueza.

La tesis de Toscanelli era en realidad la de que si se navegaba hacia poniente se daba la vuelta al mundo. La de la Tierra redonda es la de Claudio Ptolomeo es su Geographia.
En pocas palabras: Colón no salió de España a buscar un mundo nuevo, del que nadie tenía noticia, sino a buscar un camino nuevo para llegar al mundo viejo. Fue su tenacidad la que le permitió encontrar lo que no andaba buscando.
No es así, Colón pretendió hallar un camino hacia el oriente ya que en la navegación  de la época se hablaba de rutas de navegación aún por establecer pero que el que las conocía alcanzaba riquezas. Hay una versión de que viajó ya que hospedó en su casa al ilustre "Prenauta", aquel sujeto anónimo que se desvió de la ruta y le contó a Colón todo lo que había visto.

'De fermosos cuerpos' 

Empieza a reunirse en la playa mucha gente de aquella isla pedregosa, a la que los nativos llamaban Guanahaní y que el almirante bautizaría de inmediato como San Salvador. Colón era, además, un estupendo narrador, como lo demuestra su diario:

"Les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo. Venían nadando adonde nosotros estábamos y nos traían guacamayas o hilo de algodón en ovillos, que les cambiábamos por cascabeles".

Es falsa la leyenda de que el almirante encontró aquí unos indiecitos enjutos y de baja estatura. Fue exactamente al revés, según su propio testimonio: "Eran todos jóvenes, que ninguno vi de más de 30 años. Muy bien hechos, de fermosos cuerpos, altos y fuertes. Andan todos desnudos, como su madre los parió, y también las mujeres, pero no vi más que una buenamoza".
Esto es solo un extracto corto ya que Colón afirma mucho en su "Diario de Abordo", copiado por Fray Bartolomé de Las Casas. Colón dice mucho más, de la inocencia de estas gente y su sencillez como cuando relata que no sabían de armas pues les pasaba una espada y la cogían del filo o de la facilidad con que los podía aprehender para llevarlos a España y que los vieran allá. Como en efecto hizo. 
Epílogo

Ni él mismo supo en vida el verdadero alcance de su hazaña: murió catorce años después de aquella mañana, en 1506, a los 55 años, convencido de que había llegado a territorio asiático por un camino más corto, como era su propósito.

Lo persiguió la infamia, lo metieron en la cárcel, le regatearon sus derechos, fue abandonado por todos, incluido su hijo Diego, un zángano que vivió de la gloria de su padre.

En el mundo que él descubrió existe una sola nación que lleva su nombre. Se llama Colombia, que es como debería llamarse el continente entero.
Colón era viudo. Su hijo lo criaron los monjes del Monasterio de La Rábida cuando él lo dejó allí. ¿Zangano? Dicho zangano y su familia heredó ese Nuevo Mundo por cuenta de las "Capitulaciones" que firmó Colón y los Reyes antes del viaje.
JUAN GOSSAÍN
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
CARTAGENA DE INDIAS


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sábado, agosto 13, 2011

“EL VALLENATO HA SIDO TODO PARA MI”, MORE OVALLE

 El More Ovalle y Diomedes Díaz.

Edgar Augusto Ovalle Vanegas, "El More", es una de las segundas voces más conocidas y valoradas en la música vallenata. Una trayectoría de más de 30 años e innumerables éxitos al lado de grandes artistas avalan su senda. Pese a sus logros sigue siendo ese hombre sencillo que aún vive en su pueblo natal, Villanueva (Guajira), cuna de grandes juglares y compositores, de donde no ha querido salir. Aquí se lo presentamos para cuando lo vea en tarima sepa que detrás de esos músicos también hay un padre, un hijo, un hermano y un abuelo.

"TODO ES PARA TI"


Por: Héctor Sarasti
Periodista de EL COMENTARISTA.

-“Oiga pelao, ¡despierte!, ¡despierte!... Ya estamos aquí… ¿Usted es el “More” Ovalle?”, preguntó el cajero José “Tito” Castilla mientras le tiraba de un pie al apenas veinteañero e incipiente cantante Edgar Augusto Ovalle Vanegas quien medio dormía sobre la cama que le dispensaron en la casa de Cecilia “La Mona” Kammerer, en el barrio Simón Bolívar, del centro de la ciudad de Valledupar, norte de Colombia.

-“Si, soy yo…”
-“Arréglese que ya estamos aquí, afuera lo están esperando…”
-“Listo… pero un momento me baño…”
-“No, no, lávese la cara y salga…”
-“…Bueno…”

Sucedió una madrugada sin hora exacta y un día sin fecha en el calendario pues de entonces a hoy han pasado más de tres décadas y cualquiera se acuerda con rigor de lo acontecido hace tanto tiempo pero aún así corría, cierta y verdaderamente, 1.981…

Sin quererlo, Ovalle Vanegas había conciliado el sueño a la espera de que el rugido del autobús de Expreso Brasilia se escuchara en la entrada y le anunciara que la agrupación musical había llegado por él. Tal y como le había dicho el día anterior su amigo el compositor vallenato Rosendo Romero en la cancha de fútbol de su pueblo natal Villanueva (Guajira), norte de Colombia, al avisarle después de un partido de fútbol que lo recogerían al día siguiente para ir a cantar con un grandes ligas de ese folclor.

Romero lo había mandado a Valledupar para que se incorporara a la agrupación de Diomedes Díaz Maestre debido al éxito que tenían en la radio las canciones en las que “More” Ovalle aparecía como segunda voz, entre ellas, “Tardecita de Lluvia” cantada por Reinaldo “El Papi” Díaz, compuesta por el mismo que lo había mandado de buenas a primeras al Valle del cacique Upar y que incluía el álbum “Inspiración” del dúo Emilio Oviedo (Acordeón) y del citado Reinaldo Díaz.
…
Después de que Castilla lo despertara, Ovalle se incorporó de la cama, se medio alisó la camisa liqui-liqui, el pantalón marrón -había dormido vestido- , se lavó la cara y salió a la terraza. Iba tímido, retraído, entonces era un muchacho que hacía poco despuntaba a su madurez y llevaba muy en cuenta las palabras cariñosas de su madre, Bernabela María Vanegas Castro, y las férreas de su padre Esteban Elías Ovalle Maestre, hombre sencillo pero de fuerte carácter, quien educó a sus hijos con rigor para evitar que cogieran mal camino.

El humilde pero responsable carpintero Ovalle Maestre quería, a su dura pero aún así paternal manera, lo mejor para toda su estirpe. Y el respeto fue algo que le inculcó a todos y cada uno de ellos.

El sol apenas clareaba la madrugada cuando Ovalle Vanegas vio parar enfrente de la casa de “La Mona” el Renault 12 azul propiedad del cantante. De allí se bajó Díaz Maestre, una voz con poco más de 5 años en el panorama musical.

-¿Eres tu el hermano del “Chiche” Ovalle, el “More”? dijo el que se conocería como “El Cacique de la Junta” que venía de tocar una parranda en San Diego (Cesar) y se aprestaba a incluir a Ovalle como nuevo integrante del grupo.
-“Si señor…”
-“Me han hablado de usted, More, Bienvenido…”.

Ovalle dio las gracias, pero habló poco, luego se montó en el carro del cantante cargando su trajinada maleta japonesa de imitación, de color rojo y marca “Echolac”, y se dirigieron a otro barrio en esa ciudad. Al cabo de unas horas ya estaba de vuelta a la casa de “La Mona” con la certeza de que esa noche era su primer estreno como corista vallenato en la ya famosa agrupación. Tocarían en la población guajira de “La Peña”.

Todo salió a pedir de boca…

Pero todo había empezado 4 años antes…

COMIENZOS…

En lo profesional, la vida musical de Edgar Augusto tiene como fecha de inicio 1.977 con cortos 17 años ya que había nacido un sábado 8 de julio de 1.961 y fue su hermano mayor Esteban “El Chiche” Ovalle, famoso corista del momento, quien le dijo que fuera a cantar con la agrupación de Jorge Oñate y Nicolás Elías Mendoza, “Colacho”. Su querido hermano mayor lo montaba en la vacaloca de hacer la segunda voz en tarima a una agrupación vallenata de peso como era la del “Jilguero de América” siendo aún un adolescente.

“Yo antes de eso cantaba por diversión, por hobbie, en parranda, con mis amigos del pueblo”, dijo el More Ovalle a Héctor Sarasti, de EL COMENTARISTA. “Era un amateur pero de ahí a hacerlo con un conjunto me sorprendió hasta que fui cogiendo cancha”.

Pero fue la corriente del río de los tiempos la que desembocó al More en el mar del canto profesional y los hechos le dijeron que eso era lo suyo. A esto ayudó, entre muchos, “El Chiche” que al sacarle el cuerpo a seguir en aquella agrupación metió al bueno del More que no demoró en terciarse la “Echolac” más pirata que Blas de Lezo e irse a mostrar lo bueno que tenía entre pecho y espalda.

-“Apréndete ‘Abrazo Guajiro’ que esa fijo la cantan”, le dijo Esteban citándole la melodía que compusiera el legendario músico guajiro, nacido en Dibulla, Carlos Huertas y que era una de las que entonaba para la época en tarima Oñate y tocaba Mendoza, junto a otra como “El Cantor de Fonseca”, del mismo compositor.

“Buenos días festival, fiesta tradicional
folclórico concurso, te vengo a visitar
viejo Valledupar, te saludo con gusto
Desde mi tierra vengo yo con mis cantares
con alegría pa’ la tierra de Chipuco
de la Guajira le traigo un abrazo al Valle
en especial para mi compadre turco…


"Ay hombe, es el abrazo guajiro para el pueblo vallenato
y en especial pa' un amigo sincero y grato

“Vine por saborear un poco de acordeón
al Valle de los Reyes a escuchar la canción
que como un galardón elogia tus mujeres
con el sabor de tus cantares y sones viejos
que me recuerdan alguna vieja canción
sentimental de Tobías Pumarejo
y una parranda de Roberto Pavajeau…”
Ay hombe y yo les traigo mi abrazo en mi cantares sentidos
saluda el pueblo guajiro al vallenato.


En pleno festival necesito encontrar unos amigos míos
y Enrique Cabas, ver; a Tobías Daza, si; a Pavajeau Darío,
Para hacer una parranda donde Tina con Jorge Oñate, con Adán y con Colacho
con Poncho Cotes y con el pintor Molina, que son valores de la tierra de Pedro Castro

Ay hombe, entonces si me despido de todos los vallenatos dejándoles el abrazo de este guajiro

("Abrazo Guajiro”, Compositor Carlos Huertas.)


JORGE OÑATE Y COLACHO
"
ABRAZO GUAJIRO"


PETER MANJARREZ
VERSIÓN
"ABRAZO GUAJIRO"

Ovalle se la aprendió de cabo a rabo. Además de otras del repertorio que eran parte de si mismo como parrandero ya que hasta los saludos se sabía.

Desde ese momento la famosa maleta de marras guardó en sus entrañas los trajes y, por lo demás, las ilusiones de un muchacho de apenas 17 años, un buen estudiante de 5to año de Bachillerato del “Institución Educativa Roque de Alba”, de Villanueva, que no cambió de buenas a primeras sus estudios de bachillerato por la música porque allí estuvo el viejo Esteban Elías para recordarle que primero los estudios y después lo demás.

Tanto, que aunque alternaba estudios y viajes con cierta responsabilidad hubo de llamarlo el viejo a “puyengue” (le cantó la tabla) al recibir el boletín de notas más rojo que los calzoncillos de Superman. (Nota: para la época se calificaba de 1 a 5 y las materias perdidas se escribían a mano y en color rojo; las aprobadas, en azul).

-¿Qué pasó aquí?, le dijo el padre antes del 'fuequefue' que tartamudeara el aún adolescente More Ovalle.

- “Si no mejora vaya pensando en salirse…”, sentenció. Parecía que su suerte estaba echada si no organizaba su vida para terminar, al menos, sus estudios de bachillerato.

Sin muchas vueltas, More paró un tiempo mientras dejaba las calificaciones más azules que el mar. Pero de vez en cuando cantaba en sus parranditas y solo hasta que terminó sus estudios recibió la anuencia del padre y de la madre para decidir por donde tomar camino.

“Hijo usted ya acabó sus estudios, es un hombre, decida lo que más le conviene…”, palabras más, palabras menos, le dijo su madre ante la duda que lo asaltaba, él uno de los 11 hijos que tuvo ese matrimonio de antaño. Padre y madre habían hecho lo inimaginable para sacar adelante a su numerosa prole cumpliendo la máxima aquella de hacer tanto por ellos con tan pocos recursos.

Tomada la decisión Ovalle secundó agrupaciones tan famosas como la de Jorge Oñate y Colacho Mendoza, “El Binomio de Oro”, “Los Betos”, Peter Manjarrez y otras tantas que, alternativamente, ha ido sumando a su ya extensa hoja de vida como voz acompañante, concepto musical éste que atribuyen -los que saben de este folclor- a pioneros en la estructuración melódica de ese canto campesino que, en la década de los sesenta, vieron la virtud de mezclar voces en la melodía vallenata y que ha tenido segundas voces tan consideradas como la de Julio Murillo, Juan Piña, Jairo Serrano, Marcos Díaz, Giovanni Caraballo, Alfredo Celedón, Esteban “Chiche” Ovalle, el propio More y otros tantos de una larga lista de acompañantes que han dejado su huella sonora en el camino de esta música colombiana de la costa norte de ese país sudamericano.

Del More Ovalle se destaca su fraseo, la fuerza de la interpretación, la medida del verso y su manera casi exacta de seguir al cantante principal en su interpretación cuando es la hora de cantar a varias voces.

Hecho que determina una complicidad entre cantante y segunda voz, toda vez que un gesto, un guiño o un movimiento de cabeza crean un ”siga usted” o “vamos todos” a la hora de cantar. Algo que se da en tarima pero suele pasar desapercibido para el grueso del público.

Recientemente Ovalle retornó a la agrupación de Díaz Maestre. Y es precisamente en esta en la que grabado sus mayores éxitos sin desconocer su amplia trayectoria en el mundo vallenato al servicio de otras destacadas agrupaciones.

Para los efectos de la Organización Musical de Díaz Maestre ha sido segunda voz en álbumes vallenatos tan famosos como “Todo es para ti” (1982); “Cantando” (1983), “El Mundo” (1984),”Vallenato” (1985); “Brindo con el Alma” (1986); “Incontenibles” (1987); “El Regreso del Condor” (1992); y toda una estela de grabaciones que aún hoy siguen sonando en los lugares que han acogido como suya esta música provinciana, creada por gente humilde que un día cualquiera, como el More, hicieron de su voz y su sentir la mano que mece la cuna de los más sublimes sentimientos.

BIOGRAFIA

Esteban Augusto Ovalle Vanegas está casado con Marta Raquel Torres Rodríguez. More es padre de 6 hijos: Nohelia, (fallecida), Esteban, Vanessa, Martha, Lina y Castor.

“Dios me ha tenido en Villanueva”, destaca Ovalle. Como hecho singular jamás emigró definitivamente a grandes capitales por su carrera artística como es frecuente en otros artistas. Luego suele ser normal verlo llegar en avión a Valledupar y toparlo, al poco tiempo, entrando al Barrio San Luis, de Villanueva, donde tiene su familia.

Su hijo mayor, que ya lo hizo abuelo, ya casi termina en Barranquilla su carrera de Ingeniero Mecánico; lo mismo, su hija Marta Clarena que cursa 9º semestre de Ingeniería de Finanzas.

“El vallenato me ha permitió hacer amistades y tener amigos en muchas partes y estoy muy agradecido con esta música porque le debo todo”.

Como en todo lo vivido, Ovalle Vanegas ha tenido momentos buenos, malos, regulares, pero “jamás he perdido la fe”. En su vivir, sin duda, queda el ejemplo que le legó a él su padre ya fallecido. Un hombre pobre que hizo lo posible por dar lo mejor a sus hijos, a su manera.

Enríque, Eliécer, Esteban, Alex, Elizabeth, Saúl, William, Edgar, Fabio, Luz Berena y Sonia son, en total, los Ovalle Vanegas.
FIN


SU VIDA EN FOTOS

Los hermanos Ovalle Vanegas y la mamá.

More Ovalle, con excompañeros, en Nueva York.

Entrada a Villanueva (La Guajira).

Agrupación que dio el empujoncito al More para escalar.

El infante "More" rompiendo cueros.

De portada con "El Rey" Bolaños y "El Pollo" Isra.

Aquí en reunión de amigos tocando la caja.

De la época con Nicolas Elías Mendoza, "Colacho", y Jorge Oñate.

Con Juan Humberto Rois.

Sus hijos: Lina, Vanessa María, Marta y Esteban

El fallecido Esteban Elías Ovalle Maestre (centro), el que no se andaba con vainas...

 More Ovalle y Antonio José de León, Comunity manager del conjunto.

Con "Los Betos"

En Miami, de gira, hace dos décadas.

De gira por Venezuela, en los estudios de Venezolana de Televisión, Venevisión: de izquierda a derecha: Abel Suárez,Camilo Tórres, Alfonso Orozco,Hector Rojano,Isaac Carrillo, José Castilla, Edgar Ovalle y Fred Quintero.
Cansado. En uno de los viajes con José Liñán.

Cuando joven...

Trabajando con "Los Betos"
More y Díaz.
Foto completa


Los Ovalle Vanegas, cantando.

En una caseta.

El famosísimo centro "Roque de Alba", donde ha estudiado mucho villanuevero ilustre.

"MORE" EN VIDEO 

Por las calles de su Villanueva del  alma...


En una fiesta este año, cuando volvió al conjunto...

Con Nicolas Elías Mendoza

Hace casi 20 años, con Juancho


Con "Los Betos"...


En Barranquilla, en pleno carnaval...

Con el Joe Arroyo....

De caseta...

Hace 15 años...